méxico | 04 de Abril de 2018

La desigualdad estructural que aún afrontan los afrodescendientes en la región restringe su condición ciudadana y el ejercicio de sus derechos humanos; en la imagen Frumencio Bustos Domínguez (derecha), primer director de la comunidad afrodescendiente del municipio de Santiago Jamiltepec, Oaxaca. Lo acompañan su tío y sobrina. Foto Diana Manzo / La Jornada

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Laura Poy Solano / La Jornada

Ciudad de México, 4 de abril.- A pesar de que la educación y el trabajo son consideradas las vías más poderosas de inclusión social y reducción de la pobreza, la población afrodescendiente en América Latina, de los que se estima en México suman más de un millón de personas, enfrenta persistentes desventajas tanto para acceder a las aulas como al mercado laboral.

En el estudio Situación de las personas afrodescendientes en América Latina y desafíos de políticas para la garantía de sus derechos, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), destaca que la inserción de este sector de la población en el mundo laboral se ve limitada por mecanismos de discriminación y segregación que han estado presentes desde hace siglos.

En el campo de la educación, apunta que los niños, adolescentes y jóvenes afrodescendientes suelen tener menores tasas de asistencia escolar que sus coetáneos no afrodescendientes, lo cual se profundiza conforme avanzan los niveles educativos.

Lo anterior se refleja en que pese a que las mujeres afrodescendientes son quienes logran mejores niveles educativos, reciben los ingresos salariales más bajos y presentan las mayores tasas de desocupación, por lo que se insertan en mayor medida en el trabajo doméstico, sea remunerado o no.

Como parte de las acciones del Decenio Internacional para los Afrodescendientes, establecido por la Organización de las Naciones Unidas 2015-2024, el informe destaca que la diáspora africana permaneció en América en una posición de desventaja, incluso si eran personas libres, no solo esclavas.

La pobreza, el desamparo, las enfermedades, la falta de acceso a la educación, la carencia de seguridad social y la ausencia de oportunidades se han constituido en los pilares del racismo estructural, a lo que se suma, advierte el documento, el agravante de la invisibilidad y la negación de la existencia de afrodescendientes en los países de la región, por lo que también se desconoce el aporte de estos grupos al desarrollo social y cultural de nuestras naciones.

Entre los países con mayor población afrodescendiente se encuentra Brasil con al menos la mitad de sus habitantes, le sigue Cuba con casi 40 por ciento, y se reduce de 7 a 10 por ciento en Ecuador, Colombia, Costa Rica y Panamá. Alcanza 4.6 por ciento de la población en Uruguay, mientras que en México, supera el millón, y en Perú se estima que suma más de medio millón.

La Cepal destaca que la desigualdad estructural que aún afrontan los afrodescendientes en la región restringe su condición ciudadana y el ejercicio de sus derechos humanos, por lo que destaca que el reconocimiento pleno de su ciudadanía y derechos está en construcción en las naciones latinoamericanas, así como el reconocimiento a sus comunidades y pueblos.
 

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