méxico | 02 de Mayo de 2015

Los tomates de San Quintín arriban al centro de distribución para ser comercializadas Foto Roberto Armocida

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Carlos Fernández-Vega

En el cuento de nunca acabar, el gobierno federal presume la creación de plazas laborales (permanentes y eventuales) en el sector formal de la economía, por mucho que se trate de empleos de muy baja calidad que pagan salarios paupérrimos, al tiempo que su volumen ni lejanamente resulta suficiente para cubrir o cuando menos atemperar el enorme rezago histórico en este renglón.

 

En el más reciente informe sobre ocupación y empleo en el país, el Inegi detalla que en marzo pasado la tasa oficial de desocupación abierta fue de 4.2 por ciento de la población económicamente activa, apenas inferior en 0.2 puntos porcentuales a la registrada en febrero, mientras que el mismo indicador, pero con cifras anualizadas, fue de 3.9 por ciento, contra 4.8 por ciento en el tercer mes de 2014.

Sin embargo, todo apunta a que el presunto descenso en la tasa oficial de deso-cupación abierta no es resultado de mayor empleo, sino de menor participación de la población económicamente activa, cuya proporción en marzo se redujo 0.9 puntos porcentuales, es decir, el mismo descenso de la referida tasa.

La generación de empleo formal en el país camina a paso de tortuga, cuando los mexicanos requieren la velocidad de una gacela. Más allá de la decreciente calidad del empleo generado, no puede dejarse a un lado que el déficit de plazas formales en el mercado laboral, acumulado en las últimas dos décadas, ronda los 12 millones de puestos, de tal suerte que presumir, como lo hace el gobierno federal, que vamos por el rumbo correcto no es más que una cínica actitud.

En este sentido, el Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN) del Tecnológico de Monterrey, campus estado de México, señala que la tasa oficial de desocupación anualizada durante marzo se ubicó en niveles de 3.9 por ciento. Dicho resultado obedece a que durante el primer trimestre del año el número de trabajadores registrados en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) aumentó en 298 mil 611 personas, lo que equivale a 16.5 por ciento más respecto del mismo periodo del año pasado, cuando el sector de la transformación (manufacturas) registró el mayor número de trabajadores ante la institución de salud (134 mil 54).

Sin embargo, destaca el CIEN, se debe tomar en cuenta que no todas las alzas en el IMSS corresponden a empleos nuevos, ya que dicha cifra considera también a aquellos trabajadores que formalizaron sus fuentes de trabajo. Adicionalmente, la estructura de la población desocupada no ha exhibido una mejora significativa, ya que 90 por ciento del total de desocupados son personas que cuentan con experiencia, mientras que 42 por ciento de ellos poseen un nivel de instrucción con al menos estudios de nivel medio superior, lo cual implicaría que los empleos que se están generando no requieren de un alto nivel de especialización y por lo tanto su remuneraciones no serían las más altas.

El citado centro de investigación considera que si bien se puede inferir que se están generando más empleos, la calidad de los mismos todavía es un tema pendiente, como se aprecia en la estructura de la desocupación y que se podrá confirmar con los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo próxima a publicarse. En los hechos, más de la mitad de la población ocupada obtiene un ingreso no mayor a dos salarios mínimos, con lo cual la pobreza está más que garantizada.

El Inegi reporta que al considerar solamente el conjunto de 32 principales áreas urbanas del país, donde el mercado de trabajo está más organizado, la tasa oficial de desocupación al cierre de marzo pasado fue de 4.6 por ciento de la PEA, apenas menor –si cabe el término– en 0.3 puntos porcentuales a la reportada en el mes inmediato anterior.

En marzo los estados con mayor desocupación fueron Tabasco (6.6 por ciento de la PEA), Durango (5.9) y el Distrito Federal (5.8).

Las rebanadas del pastel:

De la lectoría, con dedicatoria al IMSS, sobre la enorme cruz que debe cargar todo aquel mexicano que intente pensionarse: “mi padre, de 64 años, empezó a trabajar en 1968, y desde 1969 hasta 1995 ininterrumpidamente en Banamex. Por la crisis de 95 fue despedido y trabajó de manera independiente hasta 2007, pero en ese empleo no cumplió el año, así que no pudo reactivar sus derechos ante el IMSS, con el fin de poder pensionarse. En 2013 consiguió un empleo en el cual cotizó un año 2 meses. Sin embargo, en este último empleo tuvo una cotización de un salario mínimo ante el IMSS lo cual bajó considerablemente el promedio de los últimos años, por lo cual pensamos en inscribirnos al régimen voluntario (modalidad 40) para mejorar la cotización promedio, realizando los trámites correspondientes. Nos percatamos que el IMSS reconocía mil 100 semanas cotizadas, cuando mi padre trabajó alrededor de 28 años en el mercado formal (25 de ellos en Banamex), por lo que nos extrañó que ‘faltaran’ alrededor de 400 semanas, por lo cual interpusimos un recurso de revisión manual para que ‘encontraran’ esas semanas ‘perdidas’. Tras la revisión manual en los archivos del IMSS nos dijeron, para nuestro asombro y horror, que ahora sólo reconocían de manera oficial 570 semanas, lo cual me pareció un verdadero robo. Creo que sin lugar a dudas este tipo de ‘errores’ lo realizan de mala fe, con el fin de darle una menor pensión a los agremiados. Por todos es conocido que el IMSS está quebrado y las pensiones es el rubro donde más pierden recursos. ¿Qué mecanismos legales existen para obligar al IMSS a reconocer el número real de cotizaciones de mi padre? No contamos con la famosa hoja rosa (sabrá Dios dónde haya quedado ese documento que se dio en 1968). Con numerosas evidencias que podemos aportar para comprobar que trabajó en dicha institución contamos con el contrato laboral realizado en el banco, muchos talones de pago (evidentemente no contamos con los 2 mil 704 de los 26 años de labor profesional, pero sí con muchos de ellos). No contamos con declaraciones fiscales, pero instituciones como el SAT, Infonavit, etcétera, deben tener registros que prueben que mi padre fue un trabajador formal que pagaba impuestos al cual le descontaban quincena con quincena por ser personal asalariado. Me interesa sobremanera si es que existen mecanismos legales que puedan solucionar esto para ver si es o no conveniente seguir pagando las aportaciones voluntarias (régimen 40) que vengo realizando desde hace ya un año o si realmente estoy tirando ese dinero a la basura” (Jorge Navarro,jorge_886@yahoo.com.mx).

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D.R.: cfvmexico_sa@hotmail.com