cultura | 02 de Marzo de 2019

Hermann Bellinghausen, en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, junto a un ejemplar de la compilación Insurrección de las palabras. Foto Jesús Villaseca / La Jornada

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Ericka Montaño Garfias / La Jornada

Ciudad de México, 2 de marzo.- En México existen 68 lenguas vivas, sin embargo es importante impulsar la enseñanza bilingüe y respetar los usos y costumbres de los pueblos originarios para salvaguardar su herencia, advirtió el escritor y editor Eduardo Mosches durante la presentación del libro Insurrección de las palabras: poetas contemporáneos en lenguas mexicanas (en Ojarasca), en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.

Esta obra es una coedición de La Jornada, El Colegio de San Luis, la Secretaría de Cultura de Ciudad de México, el sello Ítaca y el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali), y reúne el trabajo de 130 poetas en lenguas originarias de los cuales casi 30 son mujeres.

Insurrección de las palabras ‘‘es una especie de tesoro de poesía en las lenguas de México que casualmente se publica en el Año Internacional de las Lenguas Indígenas. Es un libro bilingüe y en él se encuentran algunos de los mejores poemas que se han escrito recientemente en México en cualquier idioma”, definió el poeta Herman Bellinghausen, quien realizó la selección y escribió el prólogo.

El colaborador de La Jornada añadió que también ‘‘revela lo que está ocurriendo con los pueblos indígenas: cómo están hablando, cantando, protestando en su propia lengua; cómo han tomado la palabra. Es un libro que en su mayor parte está escrito en el siglo XXI porque estamos ante una literatura nueva, que es algo infrecuente en el mundo”.

Fuera de los ejemplos del País Vasco e Israel ‘‘no había pasado en el mundo una nueva literatura, y aquí en realidad no es una: son varias porque se escribe en distintas lenguas’’.

Es un libro diverso, no solo por la presencia de las mujeres, sino por los temas, y muestra ‘‘lo que está pasando en México en cuanto a las lenguas originarias. Si uno se pone a analizarlo con calma es algo único. No está pasando lo mismo en el resto del continente, aunque uno quisiera; por supuesto hay autores relevantes en las lenguas andinas, las de Colombia, de Venezuela; un equivalente a lo que ocurre en México es el pueblo mapuche, pero en general en América Latina no está pasando a la escala en la que ocurre en el país, donde hay literatura al menos en 25 lenguas”, estimó el articulista de este diario.

Continuó Mosches: ‘‘Las lenguas originarias representan el modo en que una cultura del pasado remoto pensaba y leía el mundo natural, humano y sobrehumano. Y en el hoy de las mismas representan la vitalidad e intensidad creativa. Cuando muere una lengua se pierde toda una cosmovisión y eso es irrecuperable”.

Lo que conocemos como poesía indígena tiene sus orígenes ‘‘en los cantos, himnos, oraciones, conjuros y plegarias de la tradición prehispánica, los cuales tenían una función específica en diversos acontecimientos o etapas de la vida. La poesía es metamorfosis, cambio, operación alquímica y por eso colinda con la magia, la religión y otras tentativas para transformar al hombre y hacer de ‘éste’ y de ‘aquél’ ese ‘otro’ que es él mismo”, añadió el fundador de la revista Blanco Móvil, una de las primeras publicaciones que dio espacio a la poesía en lenguas originarias.

Riqueza de voces y sonidos de 130 poetas
En la presentación también estuvo la poeta Celerina Patricia Sánchez, tu’un savi o mixteca, quien destacó: ‘‘Insurrección de las palabras levanta su voz y su sonido. Es increíble pensar en este contenido de voces, de sonidos tan ricos de 130 poetas, pero también me llena de preguntas en el sentido de que es cierto, todas estas voces que están guardadas aquí, muchas florecieron, otras no, ¿por qué?”

‘‘Los humanos tendemos a hacer literaturas, tendemos a plasmarlo, tendemos a petrificar estos sonidos ahora muy modernamente llamados libros y ahora más modernamente, pues ahora estas tecnologías que están sufriendo y que qué bueno porque a lo mejor nos van a ayudar un poco para que los otros nos escuchen y se vayan educando sus oídos para escuchar otras lenguas, otras historias, otras vidas, otras voces.