23 de Abril de 2019

Columna
Javier Flores
 

Cada día se publican trabajos científicos orientados a aumentar el conocimiento sobre la reproducción humana y al desarrollo de técnicas para enfrentar la infertilidad. ¿Cómo evolucionan la ciencia y las tecnologías de reproducción asistida? ¿Cuál es el motor que las impulsa y les imprime la velocidad que han adquirido en el presente siglo? Es un tema de gran complejidad, pues además de las raíces milenarias de las que surge el deseo de ser madres o padres en millones de personas imposibilitadas biológicamente para serlo, se pone en marcha un aparato técnico y científico que no tiene fronteras –y de algún modo adquiere vida propia– cuyos resultados no solamente logran restaurar la capacidad reproductiva, sino además, tienen efectos colaterales con gran potencial para modificar en el futuro la vida de las personas y las formas de organización familiar y social. Observar el curso que ha seguido el desarrollo de un ovario artificial podría ayudar a entender mejor este fenómeno.

Uno de los estímulos que ha acelerado la investigación biomédica en este campo es el cáncer. Se han logrado avances notables en la lucha contra esta enfermedad y gracias a la detección temprana, cada vez hay más personas en el mundo que han logrado superarla. Sin embargo, en mujeres los tratamientos como la radio y quimioterapia producen daños en los ovarios que conducen a la infertilidad. Se han creado varios métodos para preservar la capacidad reproductiva en mujeres con este padecimiento, que han llevado años de investigación. Uno de ellos es la conservación a muy bajas temperaturas de óvulos o embriones antes de recibir el tratamiento. Pero estas técnicas no pueden ser empleadas en mujeres antes de la pubertad, y en las adultas, tales métodos requieren de entre dos a cuatro semanas para realizar la estimulación ovárica lo que puede retrasar el tratamiento contra modalidades muy agresivas de cáncer.

Ante estas limitaciones, una técnica que ha probado su efectividad es el trasplante, que consiste en tomar una porción del ovario y congelarlo para que al terminar los tratamientos el tejido preservado pueda ser reintegrado al cuerpo. Esto ha permitido restablecer la función ovárica, el desarrollo de embarazos normales y el nacimiento de bebés sanos. Pero existe preocupación sobre la posible persistencia de células malignas en el tejido trasplantado, especialmente en algunos tipos de cáncer cuyo desarrollo involucra al ovario, en los cuales existiría el riesgo de reintroducir la enfermedad. Con el fin de enfrentar este problema ha cobrado fuerza la idea de crear ovarios artificiales. El razonamiento médico y científico parece impecable y ha permitido el surgimiento de nuevos campos del conocimiento. Uno de ellos es la ingeniería de tejidos reproductivos, que constituye una nueva área en la medicina regenerativa.

El ovario artificial ideal debe imitar al órgano nativo proporcionando el soporte mecánico adecuado para el crecimiento y la maduración de células primordiales (folículos primarios o secundarios) para que con ello se puedan cumplir, en las condiciones ambientales propias del ovario natural, dos condiciones básicas: la producción de hormonas y la maduración y liberación de óvulos para la reproducción.

Los avances en esta tecnología se han dado principalmente en el campo de la bioingeniería y los materiales así como en la investigación en modelos animales, principalmente en ratones, aunque ya se han reportado algunas experiencias muy incipientes empleando dispositivos que contienen células humanas. Uno de los primeros retos que plantea esta modalidad tiene que ver con la matriz artificial en la cual puedan sembrarse las células sexuales precursoras, para que luego el dispositivo pueda ser introducido al cuerpo.

Se han ensayado diferentes materiales para brindar este soporte, por ejemplo, los andamios a partir de fibrina (mediante la combinación de proteínas como fibrinógeno y trombina más ácido hialurónico). Con esos materiales se han logrado avances importantes en ratones. En 2015, E Kniazeva y sus colaboradores del departamento de ingeniería de la Universidad Northwestern, en Illinois, lograron que todas las hembras trasplantadas con folículos encapsulados con fibrina, reanudaran el ciclo estral, lo que muestra la capacidad de las células en la producción de hormonas y también se logró la maduración y liberación de óvulos con el nacimiento de ratoncitos vivos.

Mónica Laronda y su grupo, también en Illinois, crearon un entramado creado mediante impresión en 3D empleando tinta de gelatina proveniente de tejidos animales. Se ha logrado de este modo crear un ovario completamente funcional, en el que se forman vasos sanguíneos, se producen hormonas y la ovulación con embarazos mediante coito normal, así como el nacimiento de ratoncitos sanos, los cuales son amamantados por sus madres.

No hay duda que en un futuro muy próximo podrá contarse con ovarios artificiales en humanos.