20 de Octubre de 2018

Los de abajo
Gloria Muñoz Ramírez

La llegada a la frontera mexicana de una ola de hombres, mujeres y niños provenientes de Centroamérica, mayoritariamente de Honduras, pone al descubierto el avance de una política de derecha fincada en el nacionalismo y en el individualismo del sistema capitalista, que incuba el miedo al otro y a la otra, e inhibe hasta donde le es posible la construcción comunitaria y los lazos de hermandad y justicia.

Las redes sociales sirvieron de espacio para el desprecio y rechazo hacia las miles de personas migrantes que llegaron a la frontera entre Guatemala y México, donde la desesperación los llevó a derribar las vallas fronterizas para ingresar a un país que les sirve de puente para llegar a su destino final: Estados Unidos, destino al que aspiran huyendo de la violencia, el desalojo y la extrema pobreza que viven en sus países. No son delincuentes ni saqueadores, son hombres y mujeres con hijos pequeños que huyen de la muerte y de la asfixia. Vivir es lo que quieren. Y ese es su delito, pues para el sistema son desechables.

Hay en estos días en el sur de México una emergencia humanitaria que debe atenderse, pero no con gases lacrimógenos ni celdas, sino con un política que ponga por encima la vida. La respuesta, la que sea, no está en la violencia ni en la indiferencia. Y sí en una sociedad organizada que respalde y acompañe la entrada y el recorrido por este territorio.

En los días previos a su llegada a la frontera, el pueblo de Guatemala se volcó en apoyo a la caravana de migrantes brindando agua, comida, medicinas, ropa y cobijas. En una actitud contraria a la que amplios sectores de la sociedad reflejan en redes sociales, donde un nacionalismo ramplón y peligroso impulsa el uso de la fuerza.

La campaña de odio se dispara en sentido inverso a la de las organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes y a la gente de a pie que se organiza ya para acompañar la entrada a México, y el posible recorrido por este territorio.

Hoy se trata de brindar solidaridad activa. No podemos quedarnos viendo como intentan destruir nuestra capacidad de reacción y hermanamiento. Nadie es ilegal. Migrar es un derecho.

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