17 de Mayo de 2018

El último lector
Rael Salvador
Asoma la metáfora como una imagen de luz en la nostalgia, flama tenue que, a decir de Isaac Carillo Can: “parece que la oscuridad apagaría de un soplido”, y que Lewis Carroll complementa en la atemporalidad de las narraciones, cuando sugiere a Alicia que intente imaginar “cómo es la llama de una vela luego de que ésta se ha apagado, pues no recuerda haber visto nunca cosa parecida”.
Al igual que un sueño, la fotografía se puede leer como el clérigo Dodgson escribió “Alicia en el país de la maravillas”: desapropiándonos de la lógica gramatical del tiempo y, en la desconstrucción matemática del pixel,  visionando la desnudez de la poesía: en el plano onírico –durmiendo con el mismo muerto, rezando al mismo diablo, llorando al mismo asesino–, “el futuro, el pasado y el presente son libres”.

En el pasado revuelto, en esa especie de fluctuación de sintaxis arbitraria, parece haber un cansancio de todo, laberinto sensible que intensifican su dolor en un sólido puñado de añoranza; si el retrato es un grieta que traspasa la luz, es porque el tiempo se cristalizada en bisturí: disecciona el ojo que lo mira y, herida que sangra lodo, nos arroja los trapos de Buñuel.

El fotógrafo es descrito por Isaac Carillo Can (en “Yael Martínez”, editado por la Secretaría de Cultura, 2017, colección coordinada por Pablo Ortiz Monasterio) como quien escudriña en el álbum de familia la tentativa existencial de una niña auspiciada por todas las bellezas, el vestidito de plata desarrugado para una fiesta, la terca madre en agonía, la superioridad de la miseria y la cicatriz visible donde asomamos la cabeza al mundo… Abuela, hija, nieta, es el elogio a un escenario que teje sus fantasmas con hilos de humo.

Todos nos dejamos abrazar por el incienso del futuro, porque ahí doramos, en alguna monótona lumbrecita de paz, la tortilla del presente, esperando desde el pasado remoto la felicidad que nos prometimos: por nostalgia desesperada y, sobre todo, porque deseamos tozudamente que, sin más, aparezca… pero, tal como nos sube agriamente, del estomago de la madrugada a la oscura boca de la tarde, el reclamo de León Chávez Teixeiro: “Se va la vida, se va al agujero, como la mugre en el lavadero”.

En Ensenada, Baja California, a través de la Facultad de Artes y Nube Nueve, este miércoles 23 de mayo, el trabajo fotográfico de Yael Martínez, “Raíz Oscura”, será expuesto en Galería 184, a las 19:30 horas. Y en su estancia en el puerto, del 21 al 25 de mayo, el documentalista guerrerense ofrecerá el taller “Narrativas visuales / Estrategias documentales”, en las instalaciones de Nube Nueve (para mayores informes: info.nubenueve@gmail.com).

A través de su metodología y poética visual, documentando zonas de conflicto –cifradas en el dolor, el vacío, la ausencia o el olvido– y, desde un terreno intimista, acogiendo el tema de las desapariciones en México, Yael Martínez (1984) expondrá la voz de registro que determina la narrativa de lo real dentro del imaginario fotográfico.   

raelart@hotmail.com