17 de Febrero de 2017

Columna
Gabriela Rodríguez

Vivimos una sociedad líquida y amor líquido el actual momento de la historia en el que las realidades sólidas de nuestros abuelos, como el trabajo y el matrimonio para toda la vida, se han desvanecido, un mundo que el sociólogo Zygmunt Bauman ha sabido explicar como nadie: Ha terminado aquel tiempo de las grandes fábricas empleando a miles de trabajadores en enormes edificios de ladrillo, fortalezas que iban a durar tanto como las catedrales góticas.

De alguna manera, la constitución de Ciudad de México expresa esa fluidez casi líquida que caracteriza a las sociedades contemporáneas. Uno de los momentos más grotescos del debate en la Asamblea Constituyente fue la referencia a la teoría del tinaco, por parte de Armando Martínez Gómez. Como diputado proponente en favor del derecho a la vida, el abogado de varios casos de pederastia clerical, incluyendo el de encubrimiento de Norberto Rivera, recurrió a la teoría del tinaco para explicar la relación entre el derecho a la vida y el derecho a la vida digna: “La interpretación normativa internacional y doctrinal establece que el derecho a la vida digna es un derecho derivado, es decir, no puede existir vida digna sin vida, es un vaso comunicante, como los tinacos que usted tiene en su casa, los tinacos son comunicantes, así son los derechos fundamentales y los derechos derivados…”. Porfirio Muñoz Ledo valoró la aportación teórica del diputado, aunque dejó abierta la duda ¿Se tratará del Tinaco de Troya? Porque para este último, era obvio que tras la defensa del derecho a la vida se trataba de prohibir el aborto en las 12 primeras semanas de gestación. Pero, más allá de la derrota clerical que significó dejar protegido en la carta magna el derecho a la autodeterminación y a decidir de manera voluntaria tener o no tener hijos, los vasos comunicantes pueden ser una manera fluida de entender la integralidad de los derechos humanos, y de comprender qué es lo que se logró, y lo que no pasó, en el texto constitucional.

Expliqué en colaboración anterior que el derecho a la vida digna fue el principio rector supremo del trabajo del grupo parlamentario de Morena. Al respecto, confirmamos en tribuna la afirmación de Jürgen Habermas: la solidaridad es el valor que han perdido las sociedades postindustriales. El derecho a una renta básica es derivado del derecho a la solidaridad, tema que cautivó los más intensos debates en la constituyente. Se trata de un derecho emergente que, para mi gusto, es producto de los extremos a los que el neoliberalismo ha llegado. Hoy tenemos que hacer llegar un mínimo vital a toda la gente, una transferencia monetaria directa a todo ciudadano que nace, para evitar que muera de hambre, de enfermedad o de frío. Así quedó estipulado el derecho a un mínimo vital, aunque no fue posible garantizar su universalidad ante la oposición de los tres partidos del pacto por México. Grave, porque en el siglo XXI mucha gente no tiene empleo o lo tiene con un ingreso muy precario, mientras se excluye a las masas, el capital se ha concentrado más de lo que Carlos Marx se pudo imaginar.

Sustantivo fue garantizar el principio pro persona y dotar a la ciudadanía con mecanismos de exigibilidad y justiciabilidad de los derechos humanos, vasos comunicantes entre realidad legal y realidad de facto. Gran avance es el fortalecimiento de las alcaldías, hay que saber que ahora así se llamarán lo que antes eran las delegaciones, no se trata sólo de un cambio de nombre: las alcaldías tendrán la facultad para administrar con autonomía los bienes a su cargo y su presupuesto, no es poca cosa. En relación con la plusvalía, se cuidó la nula afectación a la ciudadanía, se estableció que los propietarios de desarrollos inmobiliarios pagarán una compensación monetaria para mitigar el impacto urbano y ambiental, a fin de contribuir al desarrollo y mejoramiento del equipamiento urbano, la infraestructura vial e hidráulica y el espacio público. Los cambios de uso de suelo se harán mediante consulta ciudadana que será vinculante. Se incluyeron en la Constitución instrumentos de planeación con visión a 20 años: el Plan General de Desarrollo de Ciudad de México, el Programa General de Ordenamiento Territorial, así como el Programa de Desarrollo Científico Tecnológico y de Innovación, los cuales se elaborarán con participación ciudadana. Inédita fue la participación política de pueblos, barrios originarios y comunidades indígenas, con cuya consulta lograron reconocerse sus derechos colectivos e individuales, su herencia y especialmente su derecho a la autodeterminación y autonomía. Hay más temas constitucionales en materia de derechos laborales, donde no logramos todo, en ciudadanía, justicia, buen gobierno y corrupción, ofrezco extenderme al respecto en mi próxima colaboración.

Por ahora termino señalando la importancia de establecer que la gestión del agua será sin fines de lucro y que habrá contraloría ciudadana del organismo encargado. Porque si de algo estamos hechos los seres humanos es de agua, 70 por ciento de nuestro cuerpo y de nuestro cerebro es agua, aunque esos vasos comunicantes parecen estar obstruidos en los actuales gobernantes, quienes no descubren aún cuan líquida es la vida contemporánea.

Twitter: @Gabrielarodr108

grodriguez@afluentes.org