15 de Marzo de 2019

México SA
Carlos Fernández-Vega

Seis gobiernos neoliberales presumieron la solidez de su modelo económico y no se cansaron de repetir que México va por el rumbo correcto. Ese fue el machacón discurso a lo largo de 36 años, a pesar de que las evidencias económicas y sociales lo contradecían tajantemente.

En los hechos, el "rumbo correcto" se tradujo en mínimo crecimiento, desarrollo ausente, feroz concentración del ingreso y la riqueza, pobreza galopante, corrupción exacerbada e impunidad garantizada para los beneficiarios del régimen, entre otras gracias.

En materia económica, por ejemplo, hay un elemento que sintetiza los resultados: a principio de la década de los 80, México era catalogada como la octava economía mundial; el modelo neoliberal la hundió al escalón número 15, con todo y los múltiples acuerdos comerciales y las reformas aplicadas, por lo que debe recuperarse lo perdido, pero además de forma sostenible, porque los errores de política económica (el modelito neoliberal) comprometieron el futuro de México.

Tal elemento es aportado por el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico, que en su más reciente análisis (Desarrollo para Todos, una visión de futuro incluyente, del que se toman los siguientes pasajes) subraya que México debe aspirar a convertirse en una potencia económica, porque representa el único camino para poder resolver los rezagos estructurales y la desaceleración que el sistema social y productivo nacional enfrenta.

Para lograrlo se requiere una visión incluyente: no se podrá lograr sin integrar las capacidades y necesidades de todos los mexicanos, de todas las regiones y sectores productivos. Abatir la pobreza y precariedad en el sur y sureste de México es un desafío histórico, nadie lo ha logrado, todos los esfuerzos han colisionado contra el muro que representan la corrupción, los intereses particulares, la falta de infraestructura, la baja presencia de empresas transformadoras y la ausencia de un sistema educativo suficiente y de calidad.

Lo anterior no implica que se olvide la problemática persistente en otros lugares del país.En las urbes persiste un deterioro de infraestructura, de altos costos energéticos; un clima de inseguridad alimentada por la cobertura insuficiente en las zonas marginadas de agua potable, drenaje, luz eléctrica y pavimentación. La precarización urbana existe aun en las ciudades con mejor nivel de desarrollo en el país, ante la falta de un proyecto urbano adecuado.

México debe encaminar sus esfuerzos para crear una sociedad de bienestar, en donde se reduzcan las brechas de desigualdad y se incremente el ritmo de crecimiento. Debe pasar de 2.5 por ciento a cifras superiores a 4 por ciento. Sin la creación de más riqueza no será sostenible una política de mayor gasto social, las finanzas públicas no tienen margen para incrementar sus pasivos contingentes; ello comprometería el futuro nacional.

Nuestro país debe transitar de un modelo maquilador a uno transformador y generador de valor agregado y, para acelerar el crecimiento y el desarrollo, la inversión es fundamental. Hoy, como proporción del PIB, no supera 21 por ciento, cuando se requieren niveles superiores a 30 por ciento. Ese es el parámetro de las economías asiáticas, las que avanzan en el liderazgo del desarrollo e innovación (en China es de 45 por ciento). Por ello, si se quiere que México sea una nación desarrollada, la respuesta debe encontrarse en asumir un férreo compromiso con la inversión productiva.

Las rebanadas del pastel:

Lástima que la ley no sea retroactiva, porque ahora que el gobierno promueve convertir en delito grave (cárcel inmediata) el fraude electoral, la compra del voto, el uso del dinero del presupuesto para favorecer a partidos y candidatos, la falsificación de resultados y el acarreo, entre otros, podría enchiquerar al ejército de delincuentes dedicados a esos menesteres, aunque cierto es que faltarían penitenciarias para lograr el objetivo.

Twitter: @cafevega

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