14 de Noviembre de 2017

Editorial
La Jornada

Vanessa Rubio, subsecretariade Hacienda y Crédito Público, expresó ayer una visión optimista sobre la perspectiva económica de México para 2018. Según la funcionaria, la fortaleza económica del país deriva de las buenas señales de la demanda interna y de la recuperación de la externa. Auguró que se producirá la consolidación fiscal de las finanzas públicas, habrá superávit primario y disminuirán los requerimientos financieros del sector público. Lo anterior fue una reacción a las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) respecto de que el año próximo la economía mexicana experimentará una desaceleración con respecto de 2017, en el que se prevé crecimiento de 2.1 por ciento.

En la evaluación anual de su Directorio Ejecutivo, ese organismo financiero subrayó que, pese a las proyecciones positivas, la inversión se ha mantenido débil por la incertidumbre de las relaciones comerciales entre México y Estados Unidos. Asimismo, el FMI alertó sobre el incremento de la inflación anual (por arriba de 6 por ciento) debido a la desregulación en los precios de los combustibles.

Carlos Serrano, jefe del equipo económico de BBVA-Bancomer, dijo que es posible una reducción de entre 0.5 y 0.8 puntos del producto interno bruto (PIB) mexicano en caso de que el Tratado de Libre Comercio del América del Norte (TLCAN) llegue a su fin, como podría ocurrir si fracasan las difíciles negociaciones en curso para adaptarlo a las exigencias del actual gobierno estadunidense. Aunque consideró improbable que Washington abandone el tratado, reconoció que sigue pendiente la solución para dos de esas exigencias que para Canadá y México resultan inaceptables: la elevación del contenido estadunidense en la producción automotriz a 50 por ciento y la cláusula que establecería la renegociación obligada del acuerdo cada cinco años.

Lo cierto es que en tanto en el ámbito bilateral como en el mundial, hay signos preocupantes que debieran llevar a actitudes más cautas y moderadas por parte del gobierno mexicano en materia económica. Pero lo más inquietante es el panorama interno, que se caracteriza por un severo deterioro del poder adquisitivo, por una percepción mayoritaria de estrechez y penuria, por una manifiesta falta de liquidez en diversos sectores de la economía y por la creciente exasperación social debida al crecimiento de la desigualdad y a un presupuesto público generosos los gastos suntuarios y a todas luces insuficiente para paliar carencias sociales básicas.

En tal circunstancia, no parece recomendable alentar expectativas de recuperación y crecimiento cuando no hay bases sólidas para fundamentarlas. Sería más prudente, en todo caso, adoptar las previsiones necesarias para neutralizar o minimizar un eventual fracaso en la renegociación del TLCAN así como el impacto en el país de un posible achicamiento de la economía global.