13 de Febrero de 2018

Donde cruzan las brujas
Meritxell Calderón Vargas

En 1935 se votaron normas jurídicas  en la Alemania Nazi donde el texto legal señalaba la cantidad de personas que podían caber en un horno para ser asesinadas, en esos años, le arrebataron la calidad “ciudadana” a amplios sectores de la población por decreto de ley, despojaron de sus propiedades a familias enteras por no ser alemanes; hay normas, que por su redacción, pueden resultar en actos discriminatorios y violentos como los sucedidos en tiempos de la 2da Guerra Mundial, no nos hemos salvado de aquellas atrocidades; el poder sin límites siempre implica abusos.

El Derecho no siempre es justo y no siempre tiene por resultado la justicia esperada, es por eso que no está escrito en piedra, se va reformando con el paso del tiempo y se debe ir adecuando a los tiempos actuales, ya que el Derecho es un producto cultural. Si se quiere conocer “el alma” de una ciudad en temas de política pública y derechos humanos, es bueno empezar por leer su “Reglamento de Justicia Municipal” y su “Bando de Policía y Gobierno”.

En estos instrumentos jurídicos locales podemos encontrar desde lo más arcaico de nuestras costumbres sociales, hasta las propuestas de avanzada en materia de derechos, como en su momento lo fueron los juzgados integrales de Paz en Tijuana o el caso del Bando de Policía de la vecina ciudad de Tecate, cuando el ex-obmudsman Raúl Ramírez apoyado por varias organizaciones y activistas marchamos y se presentó la recomendación al alcalde para quitar el “toque de queda” para las y los jóvenes menores de 18 años que estuvieran “fuera de su casa” después de las 10 pm. 

En el Bando de Policía de la ciudad de Tijuana podemos encontrar, por ejemplo, que exhibirse “desnudo” intencionalmente en la vía pública o en el interior de su domicilio se considera una “falta a la moral”, nada congruente con la realidad que vivimos quienes transitamos y caminamos por la ciudad.

Las leyes no tienen que reflejar necesariamente la realidad, pero sí deben ser el ideal de sociedad que se busca tener. Son deseos de mejorar, pretensiones sociales de paz y tranquilidad, supuestamente.

Las normas jurídicas podrían ser como poemas sociales de lo que estamos dispuestos a tolerar o no como colectivo humano; pero dejamos que redacten las leyes muchas personas que no han tenido el gusto, acceso u oportunidad de acercarse a novelas latinonamericanas, a poetas americanos que hablan sobre democracia, justicia y libertad, que nunca han leído a las mujeres negras que hablaron sobre su emancipación y resistencia o que no saben de Nicaragua ni de Tlatelolco, ni de que hace años no se jugaba golf en “El Campestre”, por eso, estos escribanos de leyes poco aceptadas y nada cumplidas, entienden de justicia y verdad, lo mismo que física nuclear o biología microcelular.

Para entender la justicia hay que acercarse a las personas, a las culturas y a los Derechos, al cine, las novelas, las series; conocer cómo es el Derecho en Japón o en Medio Oriente y sus formas sociales de sanción, sus códigos penales; para saber legislar bien, se necesita ampliar el bagaje cultural para poder ampliar la idea de “justicia” que entendemos.

En Baja California esta justicia se concibe desde una visión lineal, positivista y conservadora, es conservadora aunque nos consideremos muy libertarios, liberales o progresistas, porque no nos ocupamos de conocer el Pluralismo Jurídico, porque no hay una sola forma de gobierno pero no queremos saber de otras y porque no hay una sola forma de legislar y ni una forma única de hacer Derecho y si nos quedamos con una sola muestra de todo el inventario, nos estamos perdiendo de la diversidad de ideas y nos convertimos en fanáticos del Derecho que conocemos. Entonces ¿No será tiempo de que el Derecho y la justicia se empiecen a mover al ritmo que marquen los Derechos Humanos y las necesidades ciudadanas y no únicamente lo que marquen los códigos y formalidades anacrónicas que pocos entienden?

Para poder imaginar nuevos derechos habremos de observar, viajar, conversar con otras personas que habitan lugares lejanos o nos visitan desde otros países; hay que leer ciencia ficción y fantasía para poder entender libertades que todavía no tenemos y derechos que todavía no existen.

Es urgente que dejemos de hacer política únicamente desde los partidos, sindicatos y consejos. Pocas personas entienden que existimos algunos sectores que no somos patrocinados por los partidos y que trabajamos una agenda de Derechos Humanos porque es lo que se necesita para sobrevivir en este mundo y limitar los abusos de poder. No logran comprender que las personas nos movemos porque ya no los vamos a dejar que sigan gobernando en la opacidad y esperando que sus actos de corrupción formen parte de la cifra negra de delitos que nadie reporta.

La democracia es un músculo ciudadano que necesita activarse a nivel local, pero también en el ámbito binacional e internacional. No podemos permitir- como nos sucedió hace aproximadamente dos años- que vengan delegaciones de la Unión Europea a un diálogo con activistas y defensores bajacalifornianos y lleguen poniendo sobre la mesa su buena calificación para la Comisión de Derechos Humanos del Estado sin darse la oportunidad de escucharnos. Es como llegar a un partido de futbol -amistoso o no- y encontrar el marcador final 1-0 expuesto y a los jugadores celebrando el triunfo antes de empezar a jugar. Lo malo de todo esto es que, en el tema de Derechos Humanos, nadie gana, casi siempre, cuando se busca justicia es porque ya se violó alguna libertad o derecho.

Cuando se trata de nuestra libertad, nuestra cultura, identidad, a los gobiernos y gente de partidos, ni todo el amor, ni todo el Derecho. No podemos seguirles dejando la responsabilidad de escribir los textos jurídicos por los cuales identificarán en el futuro nuestros valores democráticos o no. En Baja California se necesitan escribanos y escribanas de derechos que vivan acá y traigan en la pluma aires frescos de libertades y transparencia y de arraigo y amor al lugar que habitan y a las personas que acá vivimos.