13 de Febrero de 2018

Columna
Vilma Fuentes

El fenómeno de 1968 estodavía un tema de cuestionamiento. Después de L’héritage impossible,publicado en 2006, el sociólogo Jean-Pierre Le Goff publica ahora La France d’hier, un ensayo en forma de relato, donde traza los 18 años que precedieron los eventos del 68 en Francia. En este volumen subtitulado Relato de un mundo adolescente, de los años 1950 a mayo 1968, el autor intenta transmitir a las nuevas generaciones lo que fueron la transformación de un mundo y el sacudimiento interior de un joven normando durante la década de 1960. Narración autobiográfica, testimonio decisivo sobre la vida cotidiana de los franceses bajo el reino del general De Gaulle. Retrato de la Francia de antesque permite comprender los tormentos y dudas que condujeron a una generación a levantar las barricadas en las calles de París.

Le Goff aclara que dudó en escribir este libro pues no se siente inclinado por los aniversarios ni las conmemoraciones. Pero se decidió a describir los orígenes de este movimiento al cuestionarse sobre los apologistas de mayo 68 y los detractores actuales, preguntándose cómo la política incorrecta de los actores de ese movimiento de rebelión se convirtió en la política correcta de una generación nostálgica del 68 y llegó a la institucionalización de una cultura de izquierda instalada en el poder y en los medios de comunicación. Mayo 68 es un acontecimiento histórico iconoclasta que no pertenece a nadie, señala con acierto Le Goff, quien no pretende hacer un balance ni un análisis exhaustivo de los hechos. Simplemente tratar de transmitir a los jóvenes, para quienes 68 aparece como la prehistoria, lo que fue el mundo de antes y, así, reanudar los lazos rotos entre generaciones.

En este relato de ego-historia, como el autor mismo califica su libro, Le Goff narra su infancia en Normandía como hijo de un pescador marino y una madre propietaria de un pequeño comercio. Su familia pertenece a una clase situada entre necesitados y poseedores. Alumno de escuela privada y católica, juega en la calle con los niños de la escuela pública y laica. Sigue la dura adolescencia con sus angustias y sus rebeliones. Actor y testigo de mayo 68 en París. La renuncia del presidente De Gaulle. La apología de una cultura de izquierda y el encumbramiento de las ideas protestatarias de 68 en política correcta, antes de que se produzca un intento de retorno a la autoridad y el orden con la consecuente crítica de las ideas libertarias de una generación que, como señala Bellefroid en Les fols chevaliers de la table rase, deseaba hacer tabla rasa de un mundo que consideraba asfixiante.

Algunas vivencias y reflexiones de estos y otros libros sobre el 68 me recordaron un pequeño libro titulado Los jóvenes que Orfila decidió publicarme en la Colección mínima de Siglo XXI en 1969, todavía frescos los eventos ocurridos en México el año anterior y que condujeron a la trágica matanza de Tlatelolco el 2 de octubre. Se trataba de un reportaje-retrato de mi generación. Las coincidencias con varias de las observaciones de Le Goff con las mías, a pesar de las distancias en el tiempo y la geografía, la diferencia entre su descripción de los hechos 50 años después y la mía en vivo, hicieron resaltar los vasos comunicantes y las aspiraciones comunes entre los jóvenes mexicanos y los jóvenes franceses de 1968.

Revuelta adolescente que culmina en una exigencia de lo absoluto y de inmediato, así esta exigencia desemboque en la muerte. Fin de los compromisos con una sociedad de consumo y placeres que se paga con la obediencia y la sumisión. Imposición posterior de un nuevo pensamiento único. Peligro de la pérdida de la significación, la necesidad espiritual más profunda de los hombres. Cabe preguntar: ¿qué es la significación a la hora de la comunicación y la imagen? La amenaza, señala Le Goff, es el riesgo de la desagregación y de una barbarie nueva que vuelva al mundo insignificante y vano.

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