13 de Febrero de 2018

Columna
La Jornada Baja California

La renuncia de Nancy Sánchez a la candidatura del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al Senado de la República por Baja California (iba en la segunda fórmula), anunciada el pasado jueves, fue la expresión pública de la fractura del priísmo estatal, que tanto se pretendió negar.

Una vez que la dirigencia, en manos de David Ruvalcaba, hizo alianza con el grupo de Ensenada, cuya cabeza, Alejandro Arregui, consiguió ser candidato a senador en la primera fórmula, la fracción del PRI a la que Sánchez pertenece se quedó rezagada. Fue excluida de las ocho candidaturas a diputaciones federales. La respuesta de Ruvalcaba a la declinación de la diputada federal fue que jugó con el tricolor y que en política el que se enoja pierde.

Alejandro Arregui Ibarra brincó a la vida política en este sexenio, cuando su relación con Alejandro Murat, ex director de Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores y hoy gobernador de Oaxaca, lo hizo delegado de esa dependencia en Baja California, posición que ocupó tres años. En 2017 intentó ser alcalde de Ensenada –la trinchera priísta en el estado–, pero se tuvo que conformar con ser candidato a diputado local. Ganó el distrito 15 y fue designado coordinador de su fracción en el Congreso. Abogado, con una especialidad en la Universidad de Georgetown, ahora hizo alianza con los hankistas.

Nancy Sánchez es miembro de un grupo político local que se quedó arrinconado con la partida de Fernando Castro Trenti a diversas embajadas, después de que perdió la gubernatura en 2013. Esta facción, con Sánchez en primera línea, perdió el control del Comité Directivo Estatal del tricolor el año pasado. Sánchez era la única dirigente de un partido de oposición que fijaba postura frente a las acciones del gobierno panista, en una entidad donde las voces opositoras son pocas porque la clase política se dedica a los negocios, y muchos de ellos sólo se hacen con el gobierno en turno.