12 de Octubre de 2017

El último lector
Rael Salvador

Ensenada, BC.- Con o sin Nobel, Jorge Luis Borges tiene el privilegio de ser el referente de la más alta costura literaria. Y, sin lugar a dudas, el desencuentro del autor de Ficciones con el máximo galardón que se otorga, año tras año, aquien “hubiera producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal”, como a la letra dice el testamento de Alfred Nobel, fuea causa de una de sus tantas humoradas.

Humoradas que dinamitaban titulares y cambiaban el curso de los acontecimientos, ya fueranéstos internacionales o, dado el caso,personales.

En conversación con el cantautor austral Facundo Cabral que, al igual que la poeta paraguaya Ester Izaguirre y el narrador argentino-canadiense Alberto Manguel, formó parte del grupo privilegiado de personas que leyeron en voz alta al autor de El Aleph y que,deforma colectiva –como refrenda Manguel en su Con Borges–, “mantienen la memoria de uno de los más cabales lectores del mundo”.

Si Borges necesitaba la voz de los libros ante su ceguera, nosotros requerimos de la memoria para esclarecer las sombras históricas que resguardan tesoros de elocuencia, magnificando así la visión de un autor que parece no terminar su relación con el mundo.

Entresacada de las pláticas de invierno que tuve con Facundo Cabral, las palabras continúan su curso migratorio–de la grabadora a la página– rindiendo tributo y ofreciendo testimonio de lo maravilloso que resultan ser las relaciones humanas centradas en la amistad y la literatura.

Ante la noche azul y una botella de vino, Cabral compartía: “¿Ya te conté que Borges sentía en la ceguera la gravitación física de los libros?”. Y entonces yo respondía: “Borges es la prueba física de la no existencia de Dios, porque si Dios existiera hubiera hecho a Borges mudo y no ciego…”.

–Es bueno. ¿Quién dijo eso? –interroga.

–Yo –respondo (que por ahí debí haberlo leído).

“Facundo,Borges no debió haber sido ciego –continuaba en mi afrenta–, sino mudo, por aquello de las declaraciones tan atrevidas que hacía a favor de la dictadura…”.

–No, lo que pasa es que no se entendió. Esto viene de un reportaje que hicieron para el diario La Nación, en Argentina. Él dijo, parafraseando a Bernard Shaw, que era su especie de talismán para las cosas del humor, porque declarar le incomodaba, era muy tímido, entonces él se hacía el gracioso, se escapaba con eso, era una artimaña del viejo; y parafraseando a Shaw dijo: “Creo que a mi edad me será perdonado que descrea de la democracia, que es un curioso abuso de la estadística”. Y el entrevistador contraatacó: “¿Entonces, lo que propone usted es un dictador?”. “Sí”, respondió Borges, agregando: “Con una sola condición: que ese dictador sea el mejor de todos”.

–Sí, desde luego. El humor y el ingenio, muy característico de su trato con los medios…

–Si yo tuviera a Dante en mi comunidad, yo no tendría que elegir: él sería el director de la biblioteca. Si yo tuviera a Borges, no cometería el error de llamar a consulta para ver quién dirigirá la biblioteca. Si tuviera a Malraux, no pondría en el Ministerio de Cultura a ningún otro. Así que era muy lógico lo que dijo: él no creía en la mayoría. Pero no era a favor de la dictadura. Y después tuvo cosas muy locas, como aceptar que Pinochet lo condecorara; y cuando volvió de Chile, se le sumo la prensa y lo interrogó: “¿Qué opina de Pinochet?”. A lo que contestó: “Es un caballero, le tengo mucho respeto”. Y por eso perdió el Nobel. Después de muchos años se enteró que ya se lo habían otorgado, sólo que no lo habían hecho público. Esas decisiones se toman antes. En mayo de 1976ya estaba otorgado el Nobel a Borges… y Borges acepta ser condecorado por Pinochet y no se lo dan porque era un papelón. ¿Cómo iban a premiar a un tipo que venía de hacerle el juego a un genocida. ¡Lo perdió por un chiste!

–Y un chiste malo, ¡caray! Entonces se lo ofrecen a Saul Bellow, de quien sólo medio recuerdo este título: Son más los que mueren de desamor…
–Sí… –Cabral da un trago al Casillero del Diablo y continúa–, porque no hay que olvidar que la fundación del Nobel tiene un compromiso social muy grande. Se quiere quedar bien con la mayor cantidad de gente posible. Y a Borges le valió madre, porque él ya está en el mundo. Además decía: “Yo estoy orgulloso de pertenecer a la banda de escritores que nunca ganaron el Nobel, por ejemplo Shakespeare…”. Pero maestro, decía yo, el Nobel todavía no existía. Y, valiéndole madre, porque había sido siglos antes, me contestaba: “Eso es anecdótico, porque la verdad es que Shakespeare no lo ganó y Dante tampoco lo ganó”. Ingenioso como era, agregaba:“¡Yo pertenezco a esa gente!”.

Ya lo decía al inicio: humoradas que dinamitaban titulares…

Y más allá de lo anecdótico, los libros nos conducían a diálogos reveladores. Si la lectura solicita la soledad para entregar sus secretos, la conversaciones nos arrimaban cara a cara, nos arrastraban a la sonrisa y al asentimiento, ala mirada fija y la carcajada…¿Cuántas veces Borges estuvo en nuestra mesa –antes de sacar la guitarra, en el camerino–,en la barra del bar, codo a codo, con Henry Miller, Rimbaud,Kerouac… o los fotógrafos Héctor García Mejía o Enrique Botello?

Puedo alegar que siempre, porque Facundo Cabral tuvo la fortuna–por ser su voraz lector en voz alta– de que el maestro revisara Paraíso a la deriva, su libro de memorias, y luego verle tomar el teléfono para hablar con el editor de Planeta (Arturo Infante) y así recircular en palabras, más allá de la música, su vida…, tal como Cabral lo hizo, en momentos inigualables,al ofrecernosnoticias de la suya.
raelart@hotmail.com