12 de Julio de 2018

El último lector
Rael Salvador

A un disidente de Bergman

Déjese de tontadas, atiéndase el sentido del olfato con dos limones amarillos y la pañoleta floreada de una novia reciente (no cuentan las azul clarito) y permita que un familiar difunto le recomiende un libro infantil –cómprelo y léalo–, duerma una noche con él (con el libro) y otro noche no: sienta la diferencia que hay entre su soberbia disfuncional y que alguna vez tuvo padre o madre que se preocupó culturalmente por su consciencia. Si lo anterior funciona, pase a la etapa Juvenil y, luego, sintiendo que arrastra un pie y una duda, inténtelo con “La montaña sagrada”, y así hasta llegar a leer la realidad con los ojos abiertos y a punto del desmayo. 

Quédese mirando a los ojos de un cachorro, intentando encontrar el origen sentimental de los perros cinematográficos. Escupa su chicle o su cigarro o sus deseos de besar y pídale a una vecina si le puede hacer de cenar espárragos con mantequilla, condimentados con unas pizcas de sal vegetal (vaya a “La Milpa” e invierta en su salud, compre el frasquito ahí). ¡Joder!

Abrace la almohada, si la soledad fílmica que se quiere sanar es afectiva; empérnela entre sus muslos, si esta urgencia es de origen sexual. Luego pegue con leche dulce la imagen de un ángel en su frente, siembre su reloj en una maceta y coloque tres rosas bajo su cama, entonces acuéstese desnudo y avance descalzo en el sueño hacia la iglesia que a todos nos nace en la mente.   

Muerda su lengua hasta que los dientes se le derritan como nieve tibetana, luego corra con una silla en la rodilla y recite a Heidegger como si éste fuera más poeta que comerciante filosófico, sólo así los callos migrarán a los talones y el dolor holgazán de caminar en soledad a la tienda de la esquina desaparecerá. Así brillan las mejores locaciones.

Si la soledad es acompañada, de gloria o de miseria, lo mismo da, haga una sopa de papas y póngala en el menú del Vaticano, pinte tres palomas de color rosa, métalas a la cajuela de su automóvil descompuesto y, en el oscuro interior de su mente, intente verlas verde Hulk, como esos monillos de edición pirata que venden en el Parque Revolución... Sólo así se aproximará al misterio de saber con qué ojo se miran los sueños.

Pasee su gato por un edificio inmenso tratando de observar en sus intestinos rosas un piña mecánica, pues sus deseos multimillonarios se pueden encontrar en los deshechos de un pico de pájaro que el minino desayunó gratis por esas cosas injustas de la naturaleza, escenario divino donde el género humano lo paga todo. Al menos que no llueva, la incandescencia del Sol brillará en todos los caminos y la muerte será un detective que sonría cuando usted voltee hacia aquí… Hay dos palabras de doble “e”, identifíquelas.

Hay una piedra en las Malvinas traída de Nigeria, si la encuentra guárdela en el doblez  del brazo izquierdo (sintiendo su frialdad), piense en las extensiones del cable interoceánico que lleva y trae información de 1928 y regañe a los siete gnomos que sostienen su cama cuando usted duerme haciendo del gran amor con las súcubos que lo visitan una ardiente pizza que se derrite al paso de los cometas y las bicicletas de los niños fantasmas del verano.  

raelart@hotmail.com