11 de Julio de 2019

El último lector
Rael Salvador

Del libro conversaciones con Facundo Cabral

Cuando nos volvimos a encontrar, a mediados de los 80, llevaba en las manos la edición de “Paraíso a la deriva” (Planeta, 1985); Facundo Cabral la tomó para sí, la revisó con ternura, abanicó sus hojas y, mirándome fijamente a los ojos, me explicó cómo Jorge Luis Borges había corregido y estilizado sus “vagabundeos” –incluso, llamado a Arturo Infante, el director de la editorial Planeta Argentina– cuando él leía para el Maestro (en un momento de su vida, Borges ocupó lectores, entre ellos Ester de Izaguirre, el mismo Cabral y Alberto Manguel). Al ofrecerme la lectura en voz alta de su primera parte, se interrogó una vez más quién había escrito la maravillosa frase: “La gloria es el Sol de los muertos”, comentando que ya no podría preguntárselo a Borges, su colega, como señalaba en una de sus páginas, porque ya había muerto (había fallecido en junio de 1986).

Lector de muchos libros, tantos y similares como Cabral había leído (Kazantzakis, Cioran, Miller, Rimbaud, Cendrars, Kerouac, etc), yo sabía quién era el autor de la frase y de dónde surgía la visión, y se lo comenté: «Lo dice Hernán Cortés en la página 20 de “Las Venas abiertas de América Latina”, escrito por Eduardo Galeano, que seguro conoces...» Ahí, tras ese acierto, iniciaron nuestras conversaciones de invierno, que, año tras años y por más de dos décadas y media, nos llevaron por la fiesta de las letras y la música de las páginas, hasta que nos despedimos, sentida y respetuosamente, sabiendo que no nos volveríamos a ver. Fue en su última presentación en Ensenada, en 2009.  

Hablábamos ampliamente del encanto poético –“incuestionable e imperecedero”, solíamos agregar– que se encuentra en cada composición del cantautor catalán Joan Manuel Serrat, que recién se había paseado por Ensenada, después de su multitudinario concierto en el Cine México, y Facundo Cabral declaraba, por los siglos de los siglos, la inmortalidad de los versos de la canción “Piel de manzana”, y, así como así, se ponía a cantar: “A esa muchacha,/ que dio a morder/ su piel de manzana/ cuando Cupido/ plantaba un nido/ en cualquier ventana”.

Y, entre esto y aquello, yo le decía:

–Facundo, siempre me pareció que “Muchacha siempre desnuda caminando entre los grillos” es el gran poema musicalizado que representa a nuestra generación…

«Me halaga lo que me comentas, Rael. Pero le otorgo ese privilegio a José Alfredo Jiménez, porque sus poemas transformados en canciones, ya inmortalizados por muchísimas voces, no tienen comparación alguna, ni en nuestra generación, ni en todas las demás…

Después de trajinar por el mundo, en 1972 tuve la suerte de llegar por primera vez a México y debutar en el programa de Jacobo Zabluzowsky, porque se había enfermado el invitado de esa noche, que era nada menos que don Pedro Vargas…

Después de cantar un par de piezas, la primera llamada telefónica que llegó al estudio de Televisa fue la de José Alfredo Jiménez, que me dijo “Yo quiero ser tu cuate”, y si José Alfredo me decía “Yo quiero ser tu cuate”, me lo estaba diciendo México…  

Porque José Alfredo Jiménez fue, es y será México. Cómo no amar “Ella” o “El Rey”, que inspiraron todo lo que he escrito y, que, con mucho agradecimiento, siempre canto...

Y, a capela, Facundo me cantaba: “Me cansé de rogarle, / me cansé de decirle/ que yo por ella/ de pena muero./ Ya no quiso escucharme,/ si sus labios se abrieron/ fue pa’ decirme: Ya no te quiero”»

Lo decía el poeta José Bergamín: “La música es el puente de plata del pensamiento”.

Cómo no agradecerte, Facundo…

raelart@hotmail.com