11 de Enero de 2017

Columna
Raúl Paredes y Hernández

Ya sabe Usted que el presidente Peña Nieto nos reviró con esta pregunta muy al estilo de Vicente Fox (aquél "¿y yo por qué?", recuerda Usted) que muestra una indudable desesperación sobre lo que sobrevino a la alza de la gasolina.

Mire, si es Usted padre de familia, ante la presente “cuesta de enero” seguramente está pasando (aceite) y por una etapa de desesperación similar.

Mi respuesta puede ir desde “me pongo a llorar” hasta un “salgo corriendo”.

Sí, las cosas no están fáciles…

Llevando el asunto al tema familiar, estará Usted de acuerdo conmigo en que los inicios de año, todos  -digo todos, desde que tengo necesidad de pagar los consumos familiares- los eneros son dificilísimos.

Siempre estamos “sobregirados”; el despilfarro y generosidad con que celebramos las fiestas decembrinas y los “reyes”, nos dejan en la puritita calle y ahora a enfrentar los prediales, las placas de los carros, el agua, la luz, las reinscripciones y uniformes de la escuela, comprar “rosca”… y la gasolina.

Así es que yo le digo al presidente: si yo estuviera en su lugar, me pongo a llorar (pues no tengo a dónde irme ni con qué…)

Es que el problema a nivel país debe estar endemoniado…

La mayoría de los “intelectuales”, editorialistas de la prensa impresa, o comentaristas de la tele, se desgarran las vestiduras contestando sobre lo que se hubiera hecho; que si meter a la cárcel a corruptos, que si rebajar los sueltos y prestaciones a los funcionarios públicos y senadores y diputados (sobre todo a estos últimos), que vender el avión presidencial, en fin, mil recomendaciones sobre lo que no debió de haberse hecho. Pero eso no se preguntó. Aceptando todos los errores y despilfarros en que hemos caído, la pregunta es: en esta situación, ¿qué hubiera usted hecho?

Volviendo al ejemplo de la economía familiar, supongamos (un “supositorio” como diría nuestro amigo Cantinflas) que tengo un pequeño negocio de dónde hemos sobrevivido  algunos años dentro de la economía familiar. Cuando los costos de operación suben y los gastos familiares también y vemos que ya no alcanza, seguiremos algunos caminos para resolver el problema.

Primero vemos que todos los miembros de la familia en edad de participar con trabajo en el negocio, lo hagan; los que no reúnan edad o capacidad, que estudien y se capaciten; si alguno dispone de los productos de la empresa, que los pague cuando menos al costo de producción (no por ser propietario del negocio se le van a regalar); si alguno abusa, se le mete a la cárcel, aunque sea pariente…

Bueno, pues esto a nivel nacional…

Los ingresos por petróleo bajan; a los que trabajan fuera y aportan, los corren; los que trabajan dentro, o no saben trabajar y ejecutan trabajos inútiles y sobrevaluados, o roban. Y así por el estilo...

Mire, no me quiero sentar en la silla presidencial (además ya no tengo tiempo), pero la situación no es nada fácil.

Para tomar una decisión, habría que lidiar con “la competencia”, en nuestro caso, el resto de los países exportadores de petróleo; lidiar con los compradores que con su dinero manejan las ofertas de los países petroleros. Con los dichos del vecino insolente que, con sus amenazas, hace temblar a nuestros aliados en la producción de bienes y servicios para venderles. Con la amenaza de dejar sin empleo a nuestros compatriotas que nos ayudan en mantener las finanzas más o menos sanas. Con cobrarnos un muro que él quiere construir en su territorio, pero con nuestro dinero (que no tenemos).

Por si fuera poco, sufrir la poca solidaridad de algunos grupos internos que quieren seguir obteniendo ingresos y canonjías como si fueran “de otro país”.

Es claro que la decisión tomada al elevar el precio de la gasolina en esa forma y bruscamente, puede ser considerado como un error político. Pero las reacciones no quedan muy claras...

Primero: ¿Por qué se dejó de surtir? Segundo: ¿Por qué se reinició la venta con gasolina del más alto precio? ¿No había de la barata?

¿Les afectó la liberación del futuro mercado y de precios a quienes se sentían los únicos para poder distribuir y vender el combustible?

Son preguntas cuya respuesta corresponde a “La Araña” (los que no sepan por qué, consulten en su biblioteca más cercana a los ejemplares de  “La Pequeña Lulú”).

Correo electrónico: rl.prds@gmail.com