08 de Noviembre de 2018

El último lector
Rael Salvador

Luz coagulada*

Aciertos más allá del marco de la razón

“El alma aproxima la luz de su propia noche”.
Pascal Quignard.

Así sus objetivos se enmarquen en lo contrario, la fotografía es un fenómeno que implica lucidez. Como sucede en el paisaje, cuando se deja acariciar por el resplandor, la opacidad circula y se instituye un clima de afecto. Pasa igual con la enajenación, que no es otra cosa que nostalgia de luz, testimonio de los sombríos ábacos de la mente.

Imagen de lo diáfano, lentejuelas que levitan su estridencia, el cosmos amniótico anuncia la heterodoxia que habremos de padecer: una locura disfrazada de arte, apuntalada en la inocencia de lo grotesco, con el alma amarrada en la cara, avatar en infinita convulsión de gestos.  

Artaud pudo referirse a la anterior nominando “la nada coagulada”.

Si para la escritora Herandy Rojas, la propuesta fotográfica de Rakar se  cifra en la consigna del “viaje bajo la constelación de las palabras”, mirada que mezcla la luminiscencia de un mundo no ajeno a la literatura –suscrita a ella–, edificando la realidad con abecedarios incandescentes. Habla así de un lugar misterioso donde la razón mata la posibilidad de observar la experiencia en su desollamiento, convirtiendo la odisea en un llano éxodo de rocas al interior del cráneo. 

Van Goghse cuestiona: “Se podría preguntar a estos médicos:¿dónde estarán entonces las personas razonables?”. 

La geografía de la alienación obliga a un mapa del alma. Si la locura averigua la creatividad –sugerente, alucinante o paralizante– en la tormenta de la noche infinita, el artista lo realiza acompañado de la mano de los dioses, quienes lo castigan concediéndoles la realización de sus deseos.

Artaud, quien acabó instituyendo el juicio a Dios, agrega:“Usted divaga, hijo mío, vamos a curarle de su ser. Lo maravilloso no es de este mundo y nunca lo vimos”. 

Los afectos secundarios contrastan con los efectos seculares, que no terminan por tomar en cuenta las voces que se arrastran desde el arresto de la medicación. El hospital de la mente carece de litio circundante y el ánimo frenético del ardor sexuado invade la fotografía y demuestra el dolor humano como una llaga de dignidad divina, que pasea por la cuerda flojade una sombra que se alarga como jirafa desmayada, similar al desvanecimiento psíquico.

 “Pero sentimos, sin embargo, no sé qué barras, qué rejas, qué paredes”, testifica el sentimiento inconcreto de Van Gogh. 

Alcanzar el final de las palabras es encontrase de nuevo con la epistemología del Ser. Por ello el silencio de la imagen sólo presenta hebras de lo inexpugnable, trazos que trafican con la representación y el signo, como un suero que se extrae de la luz en forma de lágrimas.

 “Para mí es el perpetuo dolor y la sombra, la noche del alma, y no tengo una voz para gritar”, repite Antonin Artaud en la concatenación de su aullido.

Las realidad paralela esboza el delirio como un juego creativo, lo sintoniza con los fantasmas audibles de la patología esquizofrénica y la falsa representación del sonido es una imagen que no capitula ante la consciencia para dejarse ver como libro tipificante o catálogo fotográfico, que no es otra cosa que un psiquiátrico ambulante.

Y vuelve la interrogación del pesa-nervios: “Pero ¿de dónde procede esa fuerza, sino de nuestra adhesión colectiva a la fuerza de la sociedad?”.   

El latido de olas abiertas en las imágenes, es la materialización del sol de los circuitos cerebrales, un diorama que celebra el hallazgo de uno mismo: la poesía desnuda –“más quedesnuda, desollada”,alegarán Andre Bretón y Herandy Rojas–y entendida en el marco ritual del chamán, quien viaja al pozo de la tiniebla y vuelve con la perla de la inmortalidad. 

En palabras de Terence McKenna: “Nosotros no moramos en la oscuridad que fue la historia humana: capturamos la esencia, que es el poder divino del mito del chamán, del tecnólogo, del artífice de los mil demonios, el que trabaja los metales, el que conjura los espíritus y trae el poder de vuelta fuera de la historia”. 

Sí, la locura es un instrumento orgánico para romper límites, muy similar a la representación espiritual que evidencia el parto del ojo mecánico.   

e fari
te fari
fabella
et fabella
et fari
falla (A. Artaud)

El valor del compilado de Ramón Ángel Acevedo Arce, Rakar, “Retratos (des)de la Locura, Hospitales mentales de Chile(1997-2001)”,constituye una labor de indagación estricta, que nos descubre la compleja profundidad humana, suscrita siempre a la vulnerabilidad social, sin por ello abjurar de la creación artística. 

Y, para acierto de la fotografía –complaciendo ala literatura más allá del marco de la razón–, se nos hace acompañarpor la lucidez de Van Gogh y Antonin Artaud, quienes en el laberinto de cualquier inquietud cuentan con el ovillo de Ariadna.
 

raelart@hotmail.com

*Prólogo a la edición de “Retratos (des)de la locura”, Hospitales Mentales de Chile (1997-2001). Fotografías de Ramón Ángel Acevedo Arce (Rakar) / Textos de Antonin Artaud- Vincent Van Gogh (Lolita Editores, 2017), presentado en Ensenada, B.C.