Baja California | 18 de Julio de 2019

Imagen de 1998 del monumento construido por familiares de las víctimas del peor acontecimiento ocurrido en San Ysidro, en el interior del restaurante McDonald's el 18 de Julio de 1984. En la actualidad en el sitio se encuentra un colegio y el memorial de mármol. Foto Miguel Cervantes Sahagún, especial para La Jornada de Baja California

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La Jornada Baja California

Tijuana, 18 de julio.- Hace 35 años, a las 3:40 de la tarde, a unos cuantos kilómetros al norte de Tijuana un estadunidense de 41 años atacó a balazos al personal y clientela que se encontraba en un restaurante de la cadena McDonald's, en San Ysidro, California. Mató a 21 personas y dejó lesionadas a otras 19, tenían entre 8 meses y 74 años -la mayoría de origen mexicano o mexicano-estadunidenses-, incluso asesinó a dos niños en bicicleta en el estacionamiento de la negociación.

Durante 77 minutos, James Oliver Huberty disparó a la concurrencia con una metralleta Uzi semiautomática, un rifle Winchester calibre 12 y un arma corta Browning 9 milímetros; en la mañana había comido con su familia en otro McDonald's, en el norte de San Diego, y al salir de su domicilio había dicho a su esposa que iría a "cazar humanos".

Mientras este jueves se conmemoró a las víctimas del tiroteo en el monumento levantado por sus familiares en lo que fue el restaurante -el cual fue demolido y en su lugar se construyó un centro educativo-, las corporaciones policiacas de ese país hoy siguen aplicando, y actualizando, los protocolos que tuvieron que poner en marcha tras la enseñanza que les dejó lo que fue la primera balacera de esa naturaleza.

Ese 18 de julio de 1984 era miércoles y de acuerdo con los reportes de la prensa, en cuanto llegó el agresor comenzó a disparar. Refieren que Huberty era un embalsamador, guardia de seguridad y soldador desempleado que nació en Cantón, Ohio, en 1942 y caminaba con dificultad por las secuelas de la poliomielitis que padeció a los 3 años. Vivía a unas tres manzanas del local que atacó, a donde se había mudado medio año antes, luego de que viviera un corto tiempo en Tijuana con su esposa y dos hijas.

Las armas que usó en la masacre las había reunido en su natal Cantón, Ohio, donde también acumuló alimentos no perecederos con los que pensaba afrontar una crisis financiera o por una invasión soviética que creía eran inminentes, pero se mudó al sur y dejó la comida, pero no el armamento.

La hora y 17 minutos que se prolongó el ataque fueron motivo de cuestionamientos por parte de sobrevivientes, familiares de víctimas y observadores, como el cineasta Charlie Minn, quien en 2016 lanzó el documental 77 minutes en el que incluye testimonios de quienes vivieron el acontecimiento. En la presentación organizó una entrevista entre Adriana Wrigth -cuya hermana adolescente y sobrino de 8 meses murieron en el lugar- y un ex policía retirado. La mujer señaló que lo que causó las muertes no fueron solo las balas, sino que se desangraron por el tiempo que pasó para controlar la situación.

Wright cuestionó al ex agente policiaco por el tiempo que tardaron en controlar la situación quien argumentó la falta de condiciones, incluso problemas para observar al interior del local por los numerosos vidrios rotos y el los rayos del sol, y Minn -también autor del documental sobre el ex secretario de Seguridad Pública de Tijuana y Ciudad Juárez, Julián Leyzaola Pérez Mexico's bravest man (el hombre más valiente de México)- no utiliza en su documental el nombre del atacante. El atacante fue abatido de un disparo en el pecho por un francotirador que se apostó en la oficina de correos, ubicada a un costado del negocio.

El día de los hechos, según los mismos reportes periodísticos, una comunicadora que daba el reporte del tráfico desde una avioneta pudo dar cobertura al acontecimiento e incluso alertó a la policía de la aproximación de automovilistas -muchos habían cruzado la frontera ubicada apenas a poco más de siete kilómetros- que se dirigían al área del conflictoEste jueves 18 de julio familiares de víctimas y sobrevivientes colocaron ofrendas en el monumento que se colocó frente al centro educativo que se construyó luego de que fuera demolido el restaurante de comida rápida. La instalación consta de 21 columnas exagonales que representan la vida de cada persona que falleció por las balas.

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