méxico | 10 de Mayo de 2019

Desde que asesinaron a Lesvy Rivera en 2017, su madre, Aracely Osorio no celebra un Día de las Madres. Foto Diana Ramón / La Jornada

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Mariángel Calderon / Notimex
Ciudad de México, 10 de mayo.- Aracely Osorio, mamá de la joven Lesvy Rivera, asesinada en mayo de 2017 con un cable telefónico en Ciudad Universitaria, al sur de la capital del país, cumplirá tres años sin celebrar el Día de las Madres; a diferencia de una buena parte de madres mexicanas que se ponen sus mejores prendas, ella marchará por las calles de la ciudad para manifestarse por que las autoridades hagan su trabajo y frenen la violencia. 

Lesvy era su única hija, desde 2017 no acude a ninguna celebración por el 10 de mayo; para ella, pero tampoco para ninguna mujer, debe ser fácil enfrentar estas fechas separadas de sus hijos, “es mi única hija, cambian muchas cosas, nunca voy a tener nietos, cambia que ahí acabó un proyecto de vida que canceló su asesino, Jorge Luis González”. 

Desde el asesinato de su hija, Aracely no ha dejado de marchar y es común verla en las primeras filas de movilizaciones en la capital mexicana para clamar contra los feminicidios, la violencia y la corrupción; las madres luchan por la vida de sus hijos, pero también por su muerte, cuando no hay justicia, explicó en una entrevista. 

Osorio es una mujer de huesos delgados y su rostro evidencia las marcas de la tristeza, del cansancio, de la fuerza característica de las madres mexicanas, solo que ella ya no tiene nada que celebrar este viernes, debido a que tras un feminicidio se trastoca también la vida de las demás mujeres de la familia. 

Un feminicidio, dijo, trastoca la vida de todas las madres que integran una misma familia; así, su mamá, abuela de Lesvy, y sus tías, enfrentarán el Día de las Madres con un asiento vacío en la mesa familiar, “no es la cuestión mediática o comercial, de verdad trastoca porque una no vuelve nunca más a celebrar”. 

Con una sombra en la mirada explicó que el significado del Día de las Madres para aquellas mamás que aún claman por la justicia de sus hijos muertos o desaparecidos cambia de manera radical, “es otro día más que nosotras saldremos a las calles, es solo un día más exigimos que las autoridades realicen su trabajo de manera adecuada”. 

Recordó el sentido de sus muchos días de caminar; entre ellos dijo que busca la presentación con vida de las mujeres desaparecidas y acciones tendientes a su búsqueda, así como esquemas articulados para encontrarlas, “yo sé dónde está mi hija, me entregaron su cuerpo sin vida, pero están muchas madres que estamos pendientes de que aparezcan sus hijos”. 

“No podemos festejar, nos han arrebatado ese derecho a que el Día de las Madres fuera festivo para nosotras (...) no deberíamos estar marchando en las calles, deberíamos estar con nuestras familias, con nuestras madres, con nuestras hijas, celebrando, todos los días deberíamos poder ir a la escuela, al trabajo, no estar tomando cursos de autodefensa”, expresó con enojo. 

Con las madres de personas desaparecidas o asesinadas, el Estado tiene una deuda enorme, pero resarcible, ello, mediante la reparación integral de los daños que tiene que ver con las medidas de no repetición, “para que ya no haya feminicidios, ni desapariciones forzadas”.